La teoría de las ventanas rotas fue propuesta por el sociólogo George Kelling y el psicólogo Philip Zimbardo en 1969, y se basa en la idea de que las señales de desorden, como las ventanas rotas o el grafiti en las paredes, pueden desencadenar una espiral de comportamiento delictivo en una comunidad. Zimbardo demostró esta teoría a través de un experimento realizado en Nueva York, donde dejó dos coches estacionados en diferentes barrios. En uno, el coche fue dejado intencionalmente con una ventana rota, y en el otro no. En pocas horas, el coche con la ventana rota comenzó a ser saqueado, y al final fue destruido por completo. El coche sin la ventana rota permaneció intacto, al menos durante algunos días. Esto mostró que un pequeño signo de desorden puede dar pie a un comportamiento más destructivo, como si se creara una atmósfera de impunidad.

Zimbardo extrapoló estos resultados a las comunidades urbanas, sugiriendo que la percepción de desorden o abandono en una zona puede fomentar el crimen y la falta de respeto por las normas sociales. La teoría ha tenido un gran impacto en la criminología y las políticas urbanas, llevándose a cabo intervenciones basadas en el control del desorden, como la famosa política de «tolerancia cero» en Nueva York en los años 90. Sin embargo, también ha sido criticada por simplificar demasiado las causas del crimen, al no abordar adecuadamente factores socioeconómicos más profundos.
Referencias
- Zimbardo, P. G. (2007). The Lucifer Effect: Understanding How Good People Turn Evil. Random House.
- Kelling, G. L., & Wilson, J. Q. (1982). Broken Windows: The Police and Neighborhood Safety. The Atlantic Monthly, 249(3), 29-38.


